El objetivo de este post es entender la procedencia de estos productos financieros. Para ello vamos a viajar unos cuantos años atrás y visitar a nuestros antepasados. Vamos a parecernos un poquito a Marty McFly, aunque no llevemos un Delorian.

Ya tienes en el blog otro post relacionado con los futuros, en el que puedes ver sus características, los activos que se pueden negociar y, sobre todo, cómo gestionar el vencimiento:

¿Me acompañas en este nuevo episodio? Empezamos.

La evolución del comercio explica el mundo tal y como lo conocemos

La base que sustenta los contratos de futuros son las relaciones comerciales entre humanos. Es imposible entender unos sin los otros.

Los futuros surgen fruto del comercio, con una finalidad: facilitar el acuerdo entre ambas partes.

Por lo tanto lo que primero nos debemos preguntar es: ¿Desde cuándo existe el comercio? ¿Desde cuándo compramos y vendemos? ¿Cuándo empezaron a intercambiarse las mercancías?

Te voy a confesar un truco que hago cada vez que me surge algún dilema que no comprendo sobre algunos comportamientos humanos. Siempre planteo la misma solución: regresar a la caverna y pensar cómo se las tenían que apañar hace miles de años para cumplir con sus necesidades básicas siguiendo  instintos de supervivencia.

En nuestra condición de mamíferos siempre hemos desarrollado la tendencia a agruparnos para ejercer protección sobre atacantes externos con una única finalidad: sobrevivir. Este instinto es uno de los más desarrollados en nuestra especie y por el que, en muchas ocasiones, sacamos fuerzas donde no las hay para superar las dificultades o creamos innovaciones y procedimientos que nos facilitan la existencia.

Por eso siempre buscamos progresar, porque significará que viviremos cada vez más y mejor. El afán de superación responde siempre a la misma finalidad: tratar de sobrevivir el mayor tiempo posible.

Para que te sitúes y veas las cosas con un poco más de perspectiva: la esperanza de vida hace un siglo apenas llegaba a los 50 años, hace 200 a los 40 años y hace 400 años cualquier persona que naciera tenía muy pocas probabilidades de vivir más de 30 años.

¿Cómo se ha conseguido este impresionante avance? ¿Por qué tenemos más calidad de vida que nunca antes? El comercio es el protagonista y ya te avanzo que sin él no podríamos estar donde nos encontramos hoy en día.

El capitalismo comienza al final de la Edad de Piedra

Siguiendo con el habitante de la caverna, al principio los grupos sociales eran muy pequeños. Todos tenían que saber de todo para cubrir las necesidades básicas.

Si querías comer carne tenías que cazar y hacer fuego para cocinarla, para beber agua debías construir cuencos y recogerla en el río y sólo vestías ropa si habías matado un animal, quedándote con sus pieles y confeccionándola a mano.

Poco a poco las organizaciones incrementan su tamaño, surgiendo así la especialización del trabajo. En un grupo de 5 personas no tenía sentido dividir las tareas, pero en uno 20 ya podían distribuirse, asignando a cada uno lo que mejor se le daba. De esta manera, repitiendo una y otra vez se mejoran los productos y la eficiencia en los procesos, creando más cantidad de unidades con menor esfuerzo.

Esto es lógico. Si pretendes plantar patatas por primera vez en tu vida y nunca has cogido una herramienta ni sabes qué productos admite el campo, tu cosecha fracasará por muchas semillas que repartas. Sin embargo, después de varias cosechas ya conocerás bien la tierra, la distancia óptima entre tubérculos o la mejor época del año para hacerlo, consiguiendo mayor calidad y más alimento comestible.

Es en esta fase cuando aparece el comercio. Con el conocimiento suficiente trasladándose de generación en generación la comunidad ya no necesita a todos sus componentes dedicados a la agricultura para subsistir, por lo que surgen especialistas en nuevas disciplinas como la alfarería o la siderurgia.

Los excedentes de las cosechas comenzaron a intercambiarse con otros objetos en los que otras comunidades estaban especializadas. Podían ser armas para la defensa de la tribu, nuevos utensilios agrícolas, o incluso objetos de lujo como espejos o pendientes.

Es imposible datar de una fecha exacta de los primeros intercambios comerciales.

Sabemos que su origen está relacionado con el descubrimiento de la agricultura a finales de la Edad de Piedra o periodo Neolítico (aproximadamente 3.000 años A.C.), pero ningún historiador es capaz de acotar las fechas más allá de cientos de años.

Además del intercambio de objetos o bienes consumibles, con el comercio surgen también las primeras sociedades capitalistas.

La riqueza se puede almacenar (ahorro) en metales preciosos o alimentos no perecederos como la sal. Así comienzan los primeros préstamos e inversiones respaldadas por activos reales. Ya no se trata de sólo tener lo suficiente para vivir, sino de sentar las bases sobre las que se sustenta la civilización moderna.

Los primeros Contratos de Futuros y su desarrollo hasta hoy

En sus inicios el comercio era muy sencillo. Al no existir medios de cambio, los canjes se daban objeto a objeto. El famoso «trueque».

El problema radicaba en ser demasiado rudimentario. Mover grandes utensilios se convertía en costoso y pesado, dificultando en exceso las transacciones.

Para solventar este escollo surge la moneda. Asignando un precio fácil de interpretar el comercio alcanzó otro nivel, a partir del cual sólo seguiría creciendo.

Con la evolución y desarrollo de las sociedades aparecen nuevas formas más complejas de intercambiar productos. Ya no sólo se trata de hacer transacciones monetarias.

Aparece la especulación al asignar un valor incierto a los activos, tanto presente como futuro.

Han nacido los contratos de futuros.

Las primeras evidencias de contratos de futuros las encontramos en Egipto, sobre el año 1.750 a.C.

Es un origen un tanto oscuro, al estar relacionado con la trata de esclavos.

Se preservan escritos en cuneiforme sobre tablas de arcilla que demuestran cómo se utilizaban contratos de venta a plazo con opciones añadidas para financiar y gestionar los riesgos del comercio de esclavos.


Grabado egipcio en escritura cuneiforme

Otro antecedente histórico, posiblemente uno de los más difundidos (y cuestionados), de la utilización de contratos semejantes a futuros está dado por la narración que hace Aristóteles de una exitosa operación especulativa realizada por el filósofo Tales de Mileto.

Según se indica en el Capítulo IV del Libro I de Política, Tales – al preveer una abundante cosecha de aceitunas – celebró en forma anticipada contratos con características propias a las opciones de compra modernas sobre los derechos de uso de las prensas para la extracción de aceite disponibles en Mileto y Quío.

Estaba apostando porque no aparecieran plagas o imprevistos meteorológicos.

La jugada le salió bien, ya que sus previsiones se cumplieron y la cosecha olivícola de aquel año fue un éxito. Ganó mucho dinero.

El uso de contratos de futuros estuvo ampliamente difundido en la Antigua Grecia, así como en el Imperio Romano (27 a.C – 476 d.C) , especialmente para la provisión de trigo egipcio que permitiera alimentar a la creciente población.

Tras la caída del imperio romano con la destitución de Rómulo Augusto y su posterior crisis – los bárbaros saquearon Roma y sus alrededores en venganza a la opresión previa – la evolución de los futuros se toma un respiro. Recobrará impulso durante el Renacimiento.

Los Futuros en la Edad Media y su decadencia por culpa de las guerra

Damos un salto en el tiempo y nos situamos en un lugar mucho más frío sobre el año 1.300. Te hablo de Brujas, la sede de una de las cinco ferias de Flandes.

Tanto en esta villa flamenca como en Amberes tenemos registros de operaciones especulativas sobre cargamentos de granos aún no embarcados o que descargarían en puerto en momentos futuros.

El siguiente gran hito histórico es la «Tulipomanía«. La primera gran burbuja de la historia enriqueció a productores y especuladores de la flor, pero también dejó incontables quiebras y proyectos arruinados.

Se llegaron a intercambiar mansiones y artículos de lujo, como Oro, por bulbos de tulipanes. Con el crash de los precios y la posterior crisis económica que atravesó Holanda – el gobierno tuvo que acudir al rescate – los contratos sobre el precio futuro de los tulipanes fueron literalmente incumplidos.

Era imposible hacer frente a aquellos precios desorbitados.

Lo mismo sucedió con la famosa burbuja de la Compañía de los Mares del Sur.

Los contratos de futuros sobre cargamentos y derechos de explotación quedaron vilipendiados al descubrirse como una auténtica estafa. Si quieres  saber más sobre las burbujas – seguirán sucediendo por los siglos de los siglos – tienes este post donde cuento la única manera de monetizarlas.

Es complicado encontrar continuidad a lo largo de la Edad Medieval, al tratarse de una época con constantes guerras y conflictos geopolíticos. Todos los avances conseguidos se destrozaban en apenas días o semanas con los asedios de ejércitos extranjeros, saqueando la riqueza y, por supuesto, destruyendo el comercio.

Sinceramente, agradezco no haber nacido en esos años donde la incertidumbre, el hambre y la pobreza estaban a la orden del día, con la mayoría de la población a merced de gobernantes caprichosos, sin respeto a la propiedad privada ni al trabajo.

La supervivencia pendía de un hilo. Con 15 años ya eras apto para ir a la guerra y morir en cualquier cenagal a miles de kilómetros de tus seres queridos.

En este contexto tan turbio el desarrollo europeo quedó truncado. En lugar de apostar por el comercio y la paz los estados dedicaban todos los recursos a la guerra, requisando tanto como les fuera necesario.

El primer contrato de futuros moderno esconde una historia de sangre y ostentación

Es el año 1.650 cuando hay registros del primer contrato sobre arroz negociado en una división de la Bolsa de Osaka, el Dojima Rice Exchange. En español «Mercado de Arroz de Dojima»

Este primer contrato vino para cubrir una necesidad imperiosa de financiación. Te cuento lo sucedido.

El 21 de octubre de 1.600 tiene lugar la batalla de Sekigahara. Según algunos historiadores es la más grande ocurrida en suelo japonés, con más de 250.000 guerreros.

Sería el final a un largo período de disputas, asedios y guerrillas entre dos bandos.

De un lado concurrían los seguidores de Hideyori, hijo de uno de los grandes unificadores del Japón. Era el Ejército del Oeste.

Y por el otro Togukawa, uno de los señores feudales más prominentes del país. El ejército del Este.

Después de varios meses de preparativos, el desenlace comenzaría a las 4:30 a.m. en una madrugada nublada y con poca visibilidad.

El ejército del Oeste, liderado por el comandante Samurai Ishida Mitsunari, acudía a la batalla mejor preparado.

Contaban con cañones – era muy raro verlos en el campo de batalla en aquella época – que no dudaron en utilizar.

El ejército del Este se vio obligado a retroceder.

No sabían que estaban cayendo en una trampa mortal. Una ratonera sin salida.

Los planes de Mitsunari estaban saliendo a la perfección.

Pretendía rodear a Togukawa por los dos flancos y atacarle por la retaguardia, imposibilitando su huida. Para ello contaba con la ayuda del clan Mori y Kobayakawa Hideaki. Sus hombres se mantendrían firmes en el frente.

Sin embargo, no contaban con la fuerza moral del ejército del Este y la superioridad de efectivos, ya que hasta 40.000 combatientes de Mitsunari no acudieron al evento debido a la deslealtad de algunos generales.

A media mañana Mitsunari enciende las antorchas: es la señal definitiva para rodear los flancos y asestar el definitivo ataque.

Entonces sucede un giro decisivo en el transcurso de los acontecimientos.

El ataque pactado nunca se llevó a cabo.

Kobayakawa Hideaki traiciona a Mitsunari y se pasa al bando de Togukawa.

Cuando se corre el rumor de la traición en las tropas del Oeste rompen filas completamente derrumbados y comienzan la huida. Salen despavoridos buscando cobijo, dejando una imagen desoladora.

Los vencedores avanzan sin oposición, adueñándose del campo de batalla.

A las 2 de la tarde Togukawa da por terminada la guerra.

Con el final del conflicto comenzaría el período Edo: la paz más larga ininterrumpida de la historia de Japón. Desde 1.603 hasta 1.868.

Pero antes llega el turno de castigar a los derrotados.

Primero el ritual se daba en el campamento base.

Los generales capturados eran decapitados, y sus cabezas se exponían cuidadosamente en una tabla lavadas, peinadas y con un tinte aplicado en los dientes para ennegrecerlos.

No fueron las únicas ejecuciones, ya que los huidos también fueron perseguidos los años posteriores.

El correctivo no termina ahí. Llega el turno de tocar el bolsillo: las propiedades son el siguiente objetivo.

Togukawa expropia feudos a 90 familias oponentes, recompensando a quienes le han apoyado. Unos quedan condenados a la miseria, mientras que otros pasan a ser los nuevos ricos.

Estos recién proclamados señores feudales entran en una vorágine de consumo y ostentación. Compiten entre ellos por ver quién tiene la mejor mansión o quién puede permitirse los mayores lujos.

Mantenían este estilo de vida gracias a la recaudación del arroz, la mayor industria del país. Era un impuesto a los campesinos que trabajaban las tierras.

Sin embargo el alto tren de vida es insostenible. El dinero se acaba. Pronto entran en números rojos.

Necesitan buscar nuevas fuentes de ingresos.

Como no les alcanza con lo recolectado en la cosecha de un año, se les ocurre crear un mecanismo para recaudar los beneficios de futuras cosechas.

Es entonces cuando nacen los contratos de futuros sobre el arroz. Inicialmente llamados «cupones de arroz vacíos», ya que no implicaban la entrega física en el momento de la compra.

Las características de estos contratos son las mismas que encontramos en los futuros modernos:

  • Contrapartida centralizada. La bolsa de Osaka daba seguridad a las partes. Era el intermediario en la negociación..
  • Liquidación periódica de pérdidas y ganancias. No se espera al vencimiento del contrato para cerrar la transacción, sino que se prevén pagos intermedios según la fluctuación de los precios.
  • Contratos estandarizados. Son las mismas condiciones para todos.

El imperio nipón reconoce la existencia legal del mercado de futuros, el Dojima, en 1.730 y las altas autoridades deciden respaldarlo y protegerlo. Se han dado cuenta de la importancia para el desarrollo del país.

La especulación sobre el precio futuro del arroz va in-crecendo. De esta manera nacerán las Velas Japonesas en pocos años, de la mano de Munehisa Homma (1.724 – 1.803).

Un hombre adelantado a su tiempo que terminaría asesorando al gobierno japonés en asuntos financieros y recibiendo la importante condecoración de Samurái honorario.

No es su única aportación al desarrollo del mercado japonés.

Sabía de la importancia de una información rápida y fiable, por ello organizó una cadena humana uniendo los 800 kilómetros entre Sakata y Osaka. Posiciona hombres cada 6 kms con una misión: transmitir las noticias lo más rápido posible de norte a sur, y de sur a norte.

De esta manera los operadores contarían con más información. Los precios estarían respaldados por mejores decisiones.

Los primeros Mercados Regulados evitan las trampas. Dan seguridad a los participantes

Uno de los componentes imprescindibles de toda relación contractual es el árbitro. En caso de disputa hace falta un mediador externo imparcial y que dicte veredicto cuando haya reclamaciones por incumplimientos.

En los contratos de futuros es, todavía si cabe, más necesario designar un juez. La propia naturaleza de los contratos de futuros induce a la trampa.

En un escenario de subida de precios el comprador del futuro estará interesado en ejecutar el contrato ya que adquirió el producto más barato que en la actualidad: está haciendo un buen trato.

Por su parte el vendedor querrá incumplirlo. Su producto ahora vale más y puede venderlo más caro.

El efecto contrario ocurre en las caídas. El comprador se retirará puesto que verá la posibilidad de comprarlo más barato y el vendedor estará encantado de haber realizado el trato a un precio alto.

Las cámaras de compensación surgen para cubrir estas deficiencias y evitar el pillaje, creando mercados eficientes y estables. Las tres funciones que han cumplido los reguladores desde sus inicios son las siguientes:

  1. Intermediar entre comprador y vendedor, aportando seguridad y certeza en la transacción.
  2. Asegurar que ambas partes cumplen sus derechos y obligaciones.
  3. Facilitar el comercio reservando un lugar donde realizar las transacciones.

Frente a la creencia popular de que estas instituciones son un invento moderno y que llevan muy poco tiempo operativas, al echar la vista atrás de nuevo encontramos que a nuestros antepasados ya se les ocurrió crear estos intermediarios para garantizar un comercio de calidad.

Regresando a la antigua Babilonia (2.000 a.C), los templos – además de ser lugares religiosos de culto – actuaban de primitivas cámaras de compensación.

En ellos los mercaderes depositaban el producto y los compradores acudían a cerrar los tratos. Los funcionarios validaban las cantidades y calidad del producto, además de intermediar en los pagos cobrando las oportunas comisiones.

templo babilonia

Ya en el medievo Génova fue pionera en establecer un sistema de pagos centralizados, sobre el año 1.100.

Al ser una feria que reunía comerciantes de distintos lugares del mediterráneo con diferentes monedas, los tipos de cambio podían resultar caóticos.

Un foro arbitral determinaba los tipos aplicables y liquidaba las compras y ventas.

Entre el Siglo XII y XV los mercados flamencos apostaron por eliminar los aranceles a comerciantes extranjeros, incrementando la calidad y cantidad de participantes.

Las facilidades hicieron que las comarcas de Brujas y Amberes progresaran a pasos agigantados.  Las operaciones alcanzaron niveles de sofisticación nunca antes visto, pactando contratos similares a los swaps modernos.

El gobierno crea el primer Real Decreto que legaliza los contratos a plazo, incentivando la especulación y creando los primeros contratos por diferencias, liquidando pérdidas o ganancias sin necesidad de entrega física del subyacente.

¿Te recuerda a algo esta operativa? Efectivamente, es propia del trading moderno con apalancamiento. Similar a cuando entramos en una plataforma de futuros y apostamos por subidas o bajadas del precio.

El nacimiento de los futuros en Chicago a través de la cuenca del Mississippi

Si América todavía no ha entrado en acción en este repaso de la historia de los futuros es por una simple razón: los Estados Unidos se fundaron en el año 1.776, fecha que hasta ahora ni siquiera hemos alcanzado.

Con millones de hectáreas despobladas y fértiles, Estados Unidos se convierte en la tierra de las oportunidades. El objetivo de sus habitantes es construir un porvenir, donde los inmigrantes llegan a una tierra sin conflictos que les permite progresar.

El comercio de productos y mercancías fluye como la seda en un país donde el Estado todavía no se ha desarrollado lo suficiente como para limitarlo.

La ciudad de Chicago fue pionera en establecer el que es uno de los grandes mercados de futuros del mundo.

En la década de 1.830s nace el proyecto que le situaría en el centro de la producción norteamericana: la construcción de un canal que uniera los ríos Chicago e Illinois, conectando los Grandes Lagos con la cuenca del río Mississippi.

El país quedaba conectado de norte a sur gracias a este río plenamente navegable con el consiguiente desarrollo del comercio marítimo.


Recorrido del Río Mississippi

Un grupo de comerciantes estableció en 1848 el «Chicago Board of Trade» (CBOT) como un ámbito propicio para la celebración de negocios. No es un hecho novedoso puesto que los contratos de futuros llevaban siglos firmándose. Lo relevante de dicha institución radica en su longevidad: sigue vigente, siendo uno de los principales mercados de futuros del mundo con productos como:

  • Tipos de Interés y Bonos Americanos (2, 5, 10, 50 años).
  • Materias primas agrícolas como la soja, el trigo o el maíz.
  • Índices bursátiles como el futuro sobre el Dow Jones.

A fin de aliviar el impacto de la estacionalidad en los precios de las materias primas, en 1.851 comienzan los contratos a plazos, rubricándose el primero el 13 de marzo sobre la entrega de un paquete de 3.000 búshels de maíz en el mes de junio.

En 1.859 CBOT recibe autorización estatal para actuar como agente de medición, pesaje e inspección de granos, y en 1.865 se formalizan los contratos con condiciones estandarizadas para todos los operadores. Es en este punto cuando nace la industria de futuros en los Estados Unidos.

Con la mecha encendida y lejos de caer en el inconformismo, en el año 1.872 se crea el Mercado de la Manteca y Queso de Nueva York, que a la postre se convertiría en el «New York Mercantile Exchange«, también conocido como NYMEX. Al igual que CBOT, es uno de los grandes centros de negociación financieros globales, con productos destacados como el Gas Natural, el Petróleo Crudo o el Platino.

El segundo gran mercado de Chicago, el «Chicago Mercantile Exchange» – siglas CME – surge en 1.919 después de varias transformaciones. Empezó siendo exclusivamente agrícola, reconvirtiéndose en productos comestibles como huevos, manteca o panceta, entre otros.

La última gran casa americana nace en 1.933, unos años antes de la Segunda Guerra Mundial. Emerge de la unión entre el New York Metal Exchange, el Rubber Exchange of New York, el National Raw Silk Exchange y el New York Hide Exchange. Esta alianza del Metal, la Goma y la Seda se concreta en el COMEX – Commercial Exchange – de Nueva York. Entre sus activos negociados actualmente distinguimos los principales metales preciosos como el Oro, la Plata o el Cobre.

Los Contratos de Futuros en el siglo XXI, la era de la información

La revolución tecnológica de los últimos 20 años nos está permitiendo vivir experiencias inimaginables hace poco más de una década. ¿Quién nos iba a decir que íbamos a poder hacer videollamadas en tiempo real con nuestros amigos o familiares, procesar ingentes cantidades de datos en milésimas de segundo o trabajar desde cualquier lugar del mundo con un ordenador portátil como única herramienta de trabajo?

Los hábitos, las relaciones sociales, la forma de consumir.. Todo ha cambiado. La forma de negociar los contratos de futuros no se ha librado de esta transición hacia una era digitalizada. Casi nos da la risa al pensar cómo en los años 80 necesitábamos contar con un agente presencial en las sedes de los mercados para entrar en el juego de los futuros.

Cada año el volumen de negociación aumenta respecto al ejercicio anterior, situándose ya por encima de los 44 billones de contratos de futuros intercambiados en todo el mundo. Llevándolo a unos parámetros más cercanos, el volumen de negociación diario alcanza los 120 millones de contratos, lo que equivale a 5 millones futuros cada hora, 85.000 cada segundo.

Estas cifras estratosféricas son el fiel reflejo de una sociedad que avanza a pasos agigantados. El incremento de la renta per cápita mundial y, sobre todo, la erradicación de la extrema pobreza hace que la base de clase media con acceso al trading de futuros se amplíe exponencialmente.

El rápido y fácil acceso a los mercados gracias a la tecnología es la otra pata que sustenta el banco. Es tan sencillo como abrir una cuenta a través de un bróker online probando tu dirección e identidad, depositar unos ahorros y comenzar a colocar órdenes. En menos de una semana tu cuenta estará lista.

Cualquiera de los países desarrollados cuenta con su propio mercado de futuros, uno de los indicadores de vivir en una sociedad avanzada. En el apartado anterior hablábamos de los «4 magníficos» de Estados Unidos (CBOT, CME, NYMEX y COMEX), los más legendarios y conocidos. Pero no son los únicos, hay más.

En España los futuros corren a cargo de MEFF (Mercado Oficial de Opciones y Futuros Financieros en España), propiedad de la cotizada BME. Otros países latinos cuentan con sus propias cámaras de compensación. En México es el MexDer, en Colombia la BVC y en Argentina el ROFEX.

Los principales estados europeos también han creado instituciones de futuros serias y estables. EUREX, con sede en Frankfurt, es la mayor plataforma europea, seguida de EURONEXT, que aglutina los derivados franceses, holandeses, portugueses, belgas, irlandeses y noruegos.

Cómo ganar dinero con el Trading de Futuros desde tu casa

Nuestros bisabuelos y tatarabuelos alucinarían si vieran cómo han cambiado las cosas desde que ellos comerciaran hace más de 100 años. Hemos pasado de unos tratos cerrados en el tú a tú a mastodónticas cámaras de compensación con miles de traders especulando sobre el valor futuro en los incontables productos financieros. Y sin salir de tu cuarto.

Les estoy especialmente agradecido por habernos dejado en herencia la época en la que más fácil es ganar dinero haciendo trading, pero también en la que más rápido vas a terminar arruinado si no cumples con unas reglas básicas.

La propuesta que tengo para ti es dar continuidad al trabajo de nuestros antepasados. Que no quede en balde todo lo que hicieron.

Aprenderás un sistema de especulación basado en la estadística e identificarás por ti mismo los buenos momentos de compra y venta. Es por aquí:

Curso de Trading: el sistema de Reversión a la Media

Hasta la fecha sólo has visto lo bonito que es el coche de carreras por fuera. Si quieres pilotarlo, sentirte envidiado por el resto y no estrellarte en la primera curva, te animo a pasar por el enlace de arriba.

Un fuerte abrazo.

Enrique Mazón

¿Pierdes el control de tu operativa?

Llévate GRATIS el Cuadro de Riesgo y la hoja de Análisis de Resultados