En OSTC me enseñaron el sistema de trading de Reversión a la Media, el mismo que aprendes en la Granja de Traders™. El problema era que la plataforma costaba más de 1.000€ al mes y tradeábamos Spreads, que son productos financieros complejos. Yo bajé del cielo las bases del sistema, que eran buenas, para que cualquier trader, hasta uno con una cuenta de 500€, pudiera hacer lo mismo que hacíamos en aquel trading floor parecido a los de Wall Street, y además hacerlo con herramientas gratuitas.
Quiero dejar claro que yo no he inventado nada, sino que he aprendido de otros traders que llevaban allí muchos años. Por lo tanto, en esta Academia no sólo traslado mi experiencia, también la de quienes estaban por encima de mi, de quienes aprendí casi todo lo que sé. También te digo que en OSTC tuve años bastante buenos – en uno lo destruí, porque saqué más de 130.000€ del mercado -, y otros más regulares, pero siempre terminando en verde.
Pero más que con los resultados, lo mejor de esa época fue darme cuenta de que no quería conformarme con ser un empleado más, cerrar el chiringuito a las 6 de la tarde y despedirme hasta el día siguiente, así que en los pocos ratos libres que tenía me puse a montar este sitio web de la nada. El resto de mis compañeros se ponían a ver vídeos chorras de Youtube, perdían el tiempo en redes sociales, o los viernes se quedaban a tomar unas cervecitas. Yo ya había conocido esa cara de la moneda y no me gustaba porque ya sé a dónde te lleva: a desperdiciar el potencial que tienes para hacer algo verdaderamente valioso.
También creo que el ejemplo que ves en casa define en gran parte tus comportamientos, aunque haya épocas en las que estés metiendo la pata y estés en un camino que no es el correcto, como me sucedió a mi. Yo a mi padre siempre le he visto buscando la excelencia de su empresa, y creo que lo ha conseguido porque por algo le llaman una y otra vez de las mejores competiciones de España para que las cronometre. Pero le ha costado lo suyo, porque la mayoría de días dan las 11 y las 12 de la noche y sigue enganchado en el ordenador o está abajo, en la oficina, tratando de que el día del evento todo salga bien.
Mi madre – Rocío Haya – es otra persona que lo ha dado todo por su familia, sin dejarse nada en el camino y sin buscar las dosis de dopamina rápida que tan distraídas tienen a las mujeres hoy en día, en lugar de centrarse en lo que de verdad importa (amiga, ¿tanta necesidad tienes de enseñar carne para llamar la atención?, ¿de verdad no tienes nada mejor que aportar al mundo?). Ella ha sido la directora del colegio que fundaron mis abuelos, haciéndolo siempre lo mejor que ha sabido y dedicando muchísimas horas. Porque no es lo mismo ser un maestro que a las 2 de la tarde se le cae el boli y ya le verás mañana, que ser la responsable de 30 trabajadores y más de 300 alumnos con sus correspondientes padres.
Aún cargando a sus espaldas con esa pesada mochila, nunca nos ha preparado una comida congelada ni a mi hermana ni a mí, siempre hemos tenido un plato de comida caliente cocinado por ella a mediodía, y otro en la cena. Esas tareas silenciosas no recibirán likes, pero cualquier niño las agradecerá infinitamente más que tener una madre ausente que se va de viaje con las amigas a Bali, o a donde sea. Bueno, como no puedo hablar en boca de nadie, al menos yo, cuanto más pasa el tiempo, más valoro haber recibido tanto amor desinteresado.
¿No has trabajado en ningún sitio más que en OSTC, aquel Prop Trading británico?
Un día de verano estaba con mis padres en nuestra casa de Santander, en una de esas comidas tranquilas, sin ninguna prisa por terminar, debido a la paz que sientes por estar en el lugar al que verdaderamente perteneces; cuando de repente sonó el teléfono con un número desconocido en la pantalla. Era Alejandro Hamlyn, el propietario de Grupo Hafesa – empresa que lleva sus apellidos -, uno de los mayores distribuidores de Gasoil en España. Un conocido mío, que sabía que me dedicaba al trading de futuros de materias primas, le había pasado mi contacto.
Alejandro me contó que le estaba persiguiendo la UCO, la sección de delitos económicos de la Guardia Civil. Y me dijo que, cuando los agentes asaltaron su oficina a punta de pistola para llevarse todos los papeles, casi todos los empleados habían salido espantados como ratas que abandonan un barco que se hunde. Alejandro Hamlyn me comentó que estaba descargando dos barcos de Gasoil al mes en el puerto de Bilbao y uno en el de Motril; y en esa misma llamada me propuso ser el responsable de Trading y Gestión de Riesgos de su compañía.
Me invitó a su despacho, en la planta 37 de Torre Espacio – una de las Cuatro Torres de Madrid -, y después de tantearme con 3 preguntas básicas para comprobar si sabía cómo funcionaba el negocio de los hidrocarburos, me dijo que cuánto dinero quería ganar. Yo le pedí un sueldo dentro del top 7% de salarios en España, pensando que no lo aceptaría (tenía un pensamiento bastante limitante, no imaginaba que un pringadete como yo podía cobrar lo que se me hacía un dineral). El pobre debía estar desesperado por conseguir empleados que le fueran leales, porque para mi sorpresa, al instante, me respondió: «vale, estás contratado, empiezas mañana».

Después de conocer en persona a Alejandro Hamlyn, busqué en YouTube más información sobre el lío en el que estaba metido, la Operación Drake, y encontré los vídeos que había subido la Guardia Civil donde se veía cómo habían asaltado su oficina armados hasta los dientes, le habían registrado la casa de arriba a abajo, y se habían llevado algún cargo directivo esposado. No tardé mucho en decidir que iba a trabajar para él, porque no me parecía un mal tipo, siempre mantuvo que la Audiencia Nacional le encausó por una trampa que le habían tendido sus enemigos. Bueno, también es cierto que, después de 5 años trabajando en la misma empresa, entrando en la boca del lobo buscaba darle un poco de emoción a mi vida.
Después de unos años en Hafesa, como tenía la experiencia de haber comerciado con barcos de Gasoil, me fichó otra empresa de Singapur que también movía petroleros por el mundo para hacer lo mismo: establecer el precio de compra sobre el cargamento del barco y gestionar los riesgos de los precios. Sólo que esta vez el volumen era unas 10 veces el que movía en Hafesa. Cada barco transportaba más de 300 millones de litros (da para que reposten 6 millones de coches).
De momento prefiero no dar muchos detalles sobre esta experiencia y la empresa que me contrató, más que nada porque no quiero que me cierren la página web. Yo ya no me fío de nadie en esta dictadura disfrazada de democracia, en la que en cuanto sacas un pie fuera del tiesto y haces algo un poco diferente, todos te señalan y te buscan la ruina. ¿O acaso crees que estoy exagerando?
Por si no lo recuerdas, hace cuatro días quienes no pasaron por el aro de la vacuna del COVID y decidieron no introducir en su cuerpo una sustancia que no estaba probada por nadie, fueron señalados como un peligro público. En la televisión había incluso tertulianos pidiendo localizarles, como si hubiéramos regresado a la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, cuando marcaban las casas de los judíos con una estrella de David para luego llevarles a los campos de concentración. Eso si, siempre realizan estas atrocidades «por tu propia seguridad, para cuidarte y protegerte».

Aquí estoy cuando visité la oficina de Singapur, en la planta 46 de Singapore Land Tower. Mis compañeros asiáticos quedaron encantados con el jamón de bellota que les traje desde España. Que «a ver dónde podían comprarlo», me preguntaban.
Respecto a este oficio que estuve desempeñando, quiero decirte que la dinámica de un gestor de riesgos para mercancías que viajan por el mar es relativamente simple. Si compras el petróleo a un precio X y vas a venderlo 3 meses después, existe un riesgo de que los precios hayan caído y tengas que asumir una pérdida millonaria. Para eso existen los contratos de futuros, para cubrir esos riesgos y asegurar la ganancia. Y para eso existe el trabajo del Gestor de Riesgos, el mío, que es decidir con cuántos contratos cubres la mercancía, cuándo los abres y cuándo los cierras, una vez el producto está vendido.
Si, te has fijado bien, en estos dos últimos trabajos he unido el concepto de «Trader» al de «Gestor de Riesgos». Están tan íntimamente relacionados que no puedes hacer una de las tareas bien sin tener en cuenta la otra. Esta lección la aprendí de Narciso Vega, un gestor de fondos de inversión que venía directo de la City de Londres a darnos unas formaciones, cuando estaba en OSTC.
El hombre traía unas diapositivas que eran un coñazo, aquello no había por dónde cogerlo (como el 90% de las presentaciones corporativas o de supuestos expertos, que provocan muchos más bostezos que aplausos), creo que ni él mismo se creía lo que nos estaba contando. Era la tercera o cuarta vez que Narciso venía a la oficina, nos conocía de sobra y veía que éramos unos chavales jóvenes con ambición por hacer dinero, con los peligros que eso conllevaba. De todas sus sesiones sólo recuerdo una pausa que hizo en medio de una presentación, se olvidó del Power Point infumable que teníamos delante, y nos dijo desde sus adentros más profundos:
«Vosotros no tenéis que pensar en hacer dinero todavía.
Tenéis que pensar en gestionar el riesgo.
Sólo así terminaréis ganando dinero»
Aquella frase fue tan sincera y se me quedó tan grabada en la mente, que es uno de los pilares sobre el que está construida la Granja de Traders™.