Todavía recuerdo a la perfección lo que le planteé a mi padre en el último curso de ADE. Quería suspender a propósito algunas asignaturas para alargar un año más la carrera. Sinceramente no tenía ni idea de por dónde tirar una vez terminase, así que llegué a considerar una buena opción quedarme 12 meses más en las aulas.

Incluso estaba convencido de que la titulación no serviría para nada. Veía la cantidad de tiempo desperdiciado estudiando asignaturas sin aplicación práctica a la vida real. Nos mostraban modelos teóricos obsoletos y eso generaba frustración y miedo ante lo que esperaba ahí fuera.

Con buen criterio mi padre no apoyó mi decisión. Me animó a dar el último empujón y completar los estudios. Para estar parado tocándome la barriga ya tendría tiempo suficiente después, me decía.

Yo me basaba en el ejemplo de personas a quienes admiro. Grandes genios, creadores de algunas de las mejores empresas del mundo no se graduaron, o directamente nunca las empezaron. Se me viene a la cabeza el hombre más próspero de España y fundador de Inditex, Amancio Ortega, quien empezó de aprendiz en una taller de costura. Otras celebridades fueron incomprendidos en el sistema educativo como Steve Jobs, creador de Apple, o el mismo Charles Henry Dow, de quien toma nombre el índice americano Dow Jones. ¡Si hasta Einstein suspendió matemáticas en su examen de ingreso al instituto politécnico de Zurich!

Quería ser como ellos, construir mi propio camino sin hacer caso a las opciones más conservadoras. Nada de opositar 3 años y sacar plaza fija para toda la vida o entrar al Banco Santander y hacer carrera allí. Lo veía demasiado aburrido y «fácil».

Estaba convencido de poder hacer algo diferente, aunque no tenía ni idea de por dónde empezar. No iba a ser sencillo pero la recompensa podría ser magnífica.

El engaño de la Universidad que no te han contado

Me hace mucha gracia cuando se utilizan los títulos universitarios para defender posiciones ideológicas. Esto pasa mucho en los programas de debate. Llevan a un economista, a un sociólogo y a un físico para imponer una moralidad que puede ser diferente a la mía o que, directamente, viola mi libertad. Parece que la opinión de alguien por haber pasado por la Universidad es más válida que la del resto, cuando no tiene por qué ser así. Es la falacia «ad verecundiam», también conocida como la falacia de autoridad.

Un título académico no garantiza el éxito en ningún ámbito laboral. Desengáñate ya: no vas a ser mejor trader por haber sacado Económicas o el Máster de turno. Ya hablé sobre ello en este artículo sobre las cualidades necesarias para dedicarte al trading con garantías o en este otro sobre los errores en el Trading.

No esperes que en un centro de estudios te preparen para una profesión. Lo que realmente vas a encontrar es muy diferente a lo esperado por los siguientes motivos:

#1. Las dos realidades paralelas

En primer lugar  la realidad de la facultad es muy diferente a la realidad de la calle. Te voy a confesar un secretillo: tuve profesores que reconocían la inutilidad del contenido. Nos decían: «esto está muy bien que lo sepáis pero nunca lo vais a poner en práctica» ¿No te parece ridículo?

Personalmente a día de hoy no entiendo cómo no hice ni una nómina, ni una declaración de la renta, ni compré una acción en 4 años estudiando administración de empresas. Eso sí, para superar los exámenes de econometría había que perder horas y horas preparando un material que no llevaba a ningún lado.

Te hablo de mi experiencia, pero por supuesto no todas las carreras son así. Las hay más prácticas, como medicina o enfermería, donde trabajan desde el minuto uno con casos reales. En el resto la disociación es extrema. Terminas con la sensación de haber estado esforzándote cientos de horas en una dirección incorrecta, habiendo perdido parte de los mejores años de tu juventud, cuando más ganas tienes de comerte el mundo.

#2. La obsesión por aprobar (bajando la exigencia)

En segundo lugar el nivel en muchas universidades cada vez es más bajo. Vivimos en una época obsesionados por la igualdad, y para que un alto porcentaje de alumnos logre el título la forma más rápida y sencilla de hacerlo es bajar el listón.

Cuando yo estudiaba nos daban charlas motivacionales donde la decana presumía orgullosa del porcentaje de aprobados, cada vez más alto. Nos metían por los ojos frases como «El año pasado el 70% de los estudiantes recibieron la licenciatura» . Les recuerdo obsesionados por este asunto: competían entre universidades por ver dónde aprobaba un mayor número de alumnos.

¿No te das cuenta de la gran cagada que supone esta mentalidad? Los rectores no están preocupados por dar contenido de calidad o por adaptar las carreras al mercado laboral en lugar de seguir con programas lectivos de los años 80. No, les interesa que los alumnos aprueben a toda costa.

Por no hablar de algunas universidades privadas donde llegan los rebotados de la pública y prácticamente les regalan el título pasando por caja. Si no me crees echa un vistazo a esta noticia: «La OCDE advierte de la baja formación de los universitarios españoles».

¡Dicen que un universitario español sale igual de preparado que un estudiante de secundaria en Japón! De locos

#3. ¿Qué capacidades se evalúan?

Según la teoría de las inteligencias múltiples no existe una sóla habilidad predominante, sino que tenemos desarrolladas hasta ocho. No es lo mismo la inteligencia asociada a la resolución de problemas matemáticos que la inteligencia musical. Cada una puede ser entrenada, mejorada y evaluada. Ninguna es superior a la otra, son complementarias y todas juntas construyen tu personalidad.

Ser el mejor haciendo los exámenes estandarizados que propone el modelo educativo sólo significa que eres bueno en ciertas capacidades, sobre todo en memoria y en lógica-matemática. ¿Qué ocurre con el resto? El sistema las desprecia. Un gran artista puede ser nulo en ortografía y aborrecer las aulas pero ser un genio en su campo.

Unas inteligencias no son mejores ni peores que otras. Simplemente son diferentes. Es fundamental aprender a expresarse en público para transmitir una idea y convencer a una audiencia, a empatizar con el resto de personas para entender sus problemas o a cooperar en equipo para alcanzar un objetivo. Eso es lo que te vas a encontrar en la calle, y no responder a preguntas en un folio durante hora y media.

A pesar de todo los títulos son un empujón para conseguir puestos de trabajo

Al principio te contaba cómo me propuse seguir a mis referentes. Pensaba abandonar los estudios para ser un monstruo de los negocios. No contaba con el mayor obstáculo: la dificultad de conseguirlo.

He hecho un poco de trampas porque sólo te he mencionado los ejemplos de éxito, dando la sensación que es fácil montar un imperio y hacerse multimillonario. Pero.. ¿cuántos lo han intentado y se han quedado por el camino?

Te lo digo ya: más del 99%. La competencia por llegar es feroz. No hay lugar para todos en la cúspide de la pirámide.

Piensa en esos chavales que tienen buenas cualidades para el deporte y con 15 años empiezan a despuntar. Los padres piensan que su hijo es el próximo Cristiano Ronaldo y le sacan de las aulas para dedicarse en exclusiva – gravísimo error – al fútbol. De lo que no se dan cuenta es que la mayoría fracasará en el intento. Sólo unos pocos tienen condiciones para ser deportistas profesionales.

Luego se encuentran con 25 años siendo un juguete roto, sin oficio ni beneficio. Por eso es importante tener un plan B. No todos vamos a crear el siguiente gran imperio, al igual que Messi sólo hay uno.

Es aquí donde entra en juego el título.

Los Filtros a superar para llegar al empleo deseado

Ahora quiero que dejes lo que estás haciendo y por unos minutos te pongas en la piel de un reclutador. Llevas la gestión de recursos humanos en una farmacéutica y debes encargarte de incorporar al equipo un contable de garantías. ¿Cómo lo harías?

Publicas la oferta de trabajo y se te inscriben 250 candidatos. Ya tienes un problema para resolver, sólo puedes seleccionar a uno.

La manera más eficiente es exigir filtros. Así se va cerrando el abanico hasta contar a los aspirantes con los dedos de una mano. Dará mejores o peores resultados pero es la política de muchas compañías y no lo vamos a cambiar ni tú ni yo, así que toca adaptarse a ellas.

El título es una especie de garantía de calidad. Si coges a un tío sin referencias, por muy prometedor que parezca si comete algún error grave la culpa será de quien le contrató. Sin embargo con alguien respaldado por uno o varios títulos el reclutador tiene las espaldas cubiertas. Aunque falle no se le podrá culpar.

Mira, en los dos puestos de Trading que he tenido mi expediente ha facilitado las cosas. No te digo que haya sido el único factor, pero me ayudó a entrar. Iba a ser el responsable de mover varios millones de euros y no me pidieron el track-record auditado o quisieron ver mi página web. Se fijaron en lo que había estudiado y qué me motivaba realmente. Si voy con las manos vacías seguramente ni me hubieran recibido.

Para que veas la importancia que tiene.

Lo que una titulación dice por ti

Aunque ya he dejado claro el enorme margen de mejora que tiene la Universidad para convertirse en el verdadero impulso de los jóvenes en lugar de ser el lugar donde se malgastan 4 o 5 años sin recibir formación de calidad, el hecho de haber pasado por allí también transmite valores positivos en los que se van a fijar las empresas a la hora de contratarte. Destaco los que considero más importantes:

  • Desde joven has demostrado afán competitivo superando las pruebas que el sistema educativo ponía en tu camino frente a otros compañeros que no lo conseguían.
  • Tu familia ha apostado por tu futuro y tú has respondido con esfuerzo, demostrando que quieres salir adelante y progresar.
  • Has sido disciplinado preparando los exámenes, has tenido constancia en las tareas y has resuelto problemas a los que previamente no te habías enfrentado.

En una primera entrevista esa información la llevarás contigo como si tuvieras una etiqueta en la frente. Tenlo en cuenta cuando te estés planteando dejar los estudios. El esfuerzo seguramente merezca la pena.

El título no es el fin, es parte del camino

Voy a entonar el «mea culpa» porque soy el primero en reconocer que debería haber aprovechado bastante mejor mis tiempos en la universidad.

Yo era de esos que se esforzaba lo justo. Solamente di el 100% en las asignaturas que me motivaban, las que consideraba un reto. En la mayoría de materias me aburría, eran un peñazo, una tortura. Las preparaba días antes del examen, vomitaba lo memorizado y me olvidaba para siempre. El anti-estudio, vamos.

De hecho en ocasiones era una mosca cojonera para los profesores. Varias veces me tuvieron que expulsar del aula por la turra que daba. Si algún día soy profesor desearé no tener a nadie que se parezca a lo que hacía de pequeño.

Es cierto que el sistema está montado para frustrar a los alumnos y desmotivarles, pero quejándote o poniéndote de brazos cruzados no vas a conseguir nada. Las actitudes infantiles nunca tienen recompensa.

Piensa que es un momento único en tu vida, 20 años sólo suceden una vez y tienes la oportunidad de pertenecer a la institución que representa (o al menos debería hacerlo) el máximo exponente del conocimiento de la sociedad. Por eso siempre se puede, y se debe, ir un paso más allá. Quedarse en el sofá es lo fácil.

Se pueden plantear actividades estudiantiles, organizar conferencias en el salón de actos para que venga algún ponente de referencia, buscarte la vida para hacer prácticas en una buena empresa, lanzar tu primer proyecto emprendedor y luchar porque salga adelante, colaborar con las administraciones públicas haciendo algún voluntariado.. En definitiva, interesarte por la sociedad en la que vives y ver cómo puedes aportar tu granito de arena para hacerla mejor, aprendiendo por el camino.

Mil opciones al alcance de tu mano. Lo importante es disfrutar del proceso y aprovecharlo al máximo, no estudiar los 3 días antes del examen para aprobar siguiendo la ley del mínimo esfuerzo y meterte en la cueva a perder el tiempo con juegos online u otras actividades que no aportan nada.

Mi siguiente reto: el CFA. Cómo me voy a organizar

Hace poco mi cuñada, con apenas 20 años, después de terminar el módulo de grado medio me dijo que ya se había cansado de estudiar y que se iba a poner a buscar trabajo. No pude evitar estremecerme al pensar en el porvenir que le esperaba.

Yo le dije que me parecía una barbaridad, que para dejar de estudiar y ponerse a currar ya tendría tiempo, pero que ahora no era el momento. Le dije que a mis 30 años y después de pasar por todas las fases formativas voy a seguir estudiando, preparándome para una de los exámenes financieros más duros del mundo: el CFA.

Seguramente te estés preguntando cómo yo, un negacionista de la titulitis, apuesta por invertir tiempo y dinero en sacar una nueva certificación. Te explico.

Tengo un buen puesto, responsable de riesgos en una empresa que factura varios millones semanales, pero todavía me veo con margen de mejora. Quiero ver hasta dónde puedo llegar, encontrar mi techo laboral. Por eso no voy a posponerlo más y este año he cogido el toro por los cuernos.

Me seduce el hecho de ser un título válido en todo el mundo, ya que el contenido y los exámenes son en inglés. Presentándote como CFA en Nueva York, Londres, Singapur.. ya estás por encima del 90%. Las ventajas que proporciona superar los 3 exámenes son:

  1. Se abren las puertas de las mejores firmas de inversión que exigen el CFA como requisito indispensable para recibirte.
  2. Facilita trabajar en el extranjero al ser un título reconocido en todo el mundo y en inglés.
  3. El salto salarial es considerable. El sueldo de un CFA es bastante superior a la media.

No va a ser una tarea sencilla, puesto que ya tengo un trabajo a jornada completa, por la tarde me reúno con los alumnos para impartir las tutorías, además de que me gusta hacer deporte mínimo 3 veces por semana y de vez en cuando salir a bailar. ¿Cómo lo voy a hacer? Muy sencillo: con organización.

Es imposible abarcar todo, entonces he renunciado a escribir artículos en el blog durante el periodo de estudio. Cada post me lleva de 12 a 14 horas (tirando por lo bajo) así que he sido previsor y he adelantado trabajo.

Durante varios meses me he pegado la paliza y he escrito los suficientes artículos para estar 7-8 meses con la actividad del blog intacta sin dedicarle ni un minuto y así estar centrado en exclusiva en aprobar el examen.  Ahora sólo hay que darle al botón de publicar cuando llegue el momento 🙂 .

No sólo hay que diversificar en bolsa. También en tu vida

Recuerdo un correo «bomba» que me llegó hace unos cuantos años. Era de un chaval que había terminado el bachiller recientemente, le gustaba mucho el trading y no sabía si seguir estudiando o dedicarse por completo a la bolsa. Me pedía recomendación.

A pesar de estar tirando piedras contra mi tejado le dije que no debía abandonar los estudios. Era demasiado pronto para estar cerrándose puertas.

Además, podía perfectamente seguir aprendiendo el funcionamiento del mercado en sus ratos libres. Jugárselo todo a una carta era demasiado peligroso. Pura concentración de riesgo.

Me pasó una anécdota parecida con un famoso banco español, y ya termino por hoy de contar batallitas. Estaban buscando «Family Bankers», que es una manera muy bonita de decir representantes comerciales sin sueldo fijo.

Estaba de acuerdo con las condiciones, el único aspecto donde teníamos conflicto era en la dedicación. Ellos pedían Full Time y yo no se lo podía garantizar porque tengo otros proyectos entre manos.

Entonces la chica con la que hablé se puso bastante nerviosa. Me empezó a decir que el proceso de selección para entrar era durísimo, que ellos decidían con quién trabajaban y con quién no, y demás cosas que ni recuerdo porque me las dijo demasiado rápido.

Yo le contesté que prefería diversificar fuentes de ingresos. Entonces algo hizo click en su cerebro porque recuerdo perfectamente lo que me dijo:

«No entiendo por qué quieres tener más fuentes de ingresos si con lo que puedes ganar con nosotros ya sería suficiente»

A lo que yo respondí:

«Yo no entiendo cómo hay gente que se conforma con tener solo una fuente de ingresos. ¿Y si pasa cualquier imprevisto?»

La pobre balbuceó cuatro cosas y se vio obligada a colgar. En fin.

De hecho el puesto era para ser asesor financiero. ¿Cómo le voy a contar yo a un cliente que debe diversificar sus inversiones si ni siquiera yo mismo estoy cumpliendo lo que predico? Sinceramente, me parecería bastante hipócrita. No hay mayor inversión que tu vida.

El Trading: una opción válida para estar más diversificado

Llegamos a las conclusiones del post y la primera está bien clara: los títulos sí te van a facilitar encontrar mejores trabajos respecto a quienes no lo tienen ya que funcionan como puro filtro. ¿Es el único factor a la hora de elegirte? Por supuesto que no. ¿Ayuda? Te garantizo que sí.

La segunda conclusión es la cruda realidad: ningún título universitario te va a garantizar el éxito en bolsa ni en ninguna otra profesión. Hoy en día existe un desfase demasiado grande entre lo que se enseña en las aulas y cómo funciona el mundo. La práctica hace al maestro.

Por eso si quieres aprender a ganar dinero en bolsa necesitarás salirte del camino establecido y buscar especialistas del sector. Es aquí donde puedo ayudarte.

Ya te anticipo que con mi Curso de Trading no vas a llevarte una certificación reconocida para trabajar en Deloitte o BBVA. Lo que vas a encontrar es una formación eminentemente práctica para enfrentarte al mercado.

Un sistema perfeccionado durante la última década que puedes aplicar en cualquier activo financiero. Tendrás libertad de elección plena.

Nos ponemos en directo desde el día uno. Y así, amigo, es como se aprende a ganar pasta. El resto es trabajar para los demás o pegar palos de ciego.

Más que un Curso lo que te ofrezco es un futuro sólido: desarrollar una fuente de ingresos adicional para estar más diversificado en tu vida financiera y con menos riesgos. Personalmente me da pavor pensar que solamente entra en mi bolsillo un sueldo ¿No te interesa estar un poquito más seguro?

 

Antes de terminar me gustaría que me dieras tu opinión sobre la titulitis. ¿La has sufrido? ¿Estás preparando alguna certificación? ¿Crees en la importancia de pasar por la Universidad para ser bueno en una profesión? Cuéntame tu experiencia. Te leo en los comentarios.

Un abrazo y mucha fuerza con tus objetivos. Estás a un paso de alcanzarlos ;).

Enrique Mazón

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